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Originally posted 2017-09-03 12:13:30.

Una parte de los españoles esperan con inquietud el próximo 11S, día en que se celebra la Diada, para comprobar si el apoyo a los independentistas que se han ido apropiando de la fiesta, ha subido. Otra parte espera el mismo día con la esperanza de que ese apoyo haya bajado.

Han pasado ya muchos años desde que un Artur Mas despechado por negarse Rajoy a negociar con él un pacto fiscal, se sumó a la idea de los partidarios de proclamar una república independiente y convocó unas elecciones plebiscitarias de las que afirmó, con cierto sentido común, que deberían ser ganadas ampliamente para dar una base sólida a sus aspiraciones. No fueron ganadas ampliamente ni siquiera ganadas, pero empujado por sus socios de gobierno que le empezaban a sobrepasar en las encuestas, siguió un camino sin retorno apoyado por una campaña permanente a favor de la secesión fomentando falsas creencias históricas, el odio a lo español, el victimismo, promesas de dificil realización, y una costosa campaña internacional en busca de apoyos. Al cerecer de una oposición en campaña, salvo las voces que se alzaron en el Parlament con una oposición dirigida por la incansable Inés Arrimadas, logró dividir la sociedad catalana en dos partes aunque sigue sin lograr ese deseado apoyo mayoritario, algo que piensa solventar no requiriendo los 2/3 de mayoría cualificada que se necesita para modificar el Estatut, por una mayoría simple o un decreto ley, y además convocando a votar un referéndum donde no se exige un mínimo de asistencia. Con que vayan ellos y algunos amigos es suficiente.

Donde su fracaso fue rotundo es en el apoyo internacional. Ni un solo país ha apoyado la idea de un referéndum al margen de la ley, la Constitución y el pacto, algo que debería haber previsto porque el mundo está lleno de regiones, pueblos, aldeas, y hasta estados que estarían animados a seguir su camino. Los seres humanos conservamos en nuestro interior un espíritu tribal, un deseo de ser pequeños, tan pequeños que seamos como una gran familia, mientras unos pocos dirigentes, los hombres de estado, piensan en el crecimiento y el progreso. Afortunadamente no todos somos tribales y desgraciadamente no todos los dirigentes son hombres de estado, pero por si acaso todos los países, a excepción de Etiopía, prohiben en sus constituciones la secesión o conspirar para ella (habría que recordar que el Reino Unido no tiene Constitución, solo leyes). Nunca la UE, EEUU, o la ONU apoyará la autodeterminación salvo para casos de colonialismo. Pedir un referéndum o manifestar un deseo de separarse es frecuente. Lo ha sufrido Italia con el Véneto, Alemania con Baviera, Bélgica con Flandes, Francia con Córcega, España con el País Vasco, etc., etc., y a todos la ley les ha dicho que no puede ser. El problema abarca el mundo entero porque hay nacionalistas que alimentan la idea de la Europa de los pueblos o el mundo de los pueblos, explotando ese sentimiento tribal del pasado, lo mismo que durante cien años se alimentó el deseo del internacionalismo, un solo estado con un solo idioma.

El caso es que la Diada está a una semana de distancia y el refréndum de las urnas secretas a menos de un mes. No sabemos que argumentos se utilizarían si la asistencia a la manifestación de los separatistas (habrá más) se dobla o si se reduce a la mitad, o si la CUP se enfada por no sacar la ley del día despues, como no sabemos a donde nos llevan las reuniones secretas de Pablo Iglesias y Tardá o las de Iglesias y Colau. El día D (aquí sería el día R) está llegando, pararlo es imposible, no hay marcha atrás para los líderes políticos, ni dialogo ni parar el procéss ni el 155 tienen cabida.  Nuestros dirigentes nos han llevado a un punto donde solo puede pararse por la fuerza y el imperio de la ley, pero Cataluña siempre quedará dividida en dos ¿Cómo arreglaremos ese destrozo?