[Total:0    Promedio:0/5]

Originally posted 2017-03-29 17:38:20.

Un sistema electoral puede llegar a impedir el ejercicio de la democracia

El afán de lograr la gobernabilidad hace que muchas veces la soberanía popular no logre sus fines y sus mandatos no sean respetados por los gobiernos ni por los parlamentos.

Si entendemos por democracia un sistema de participación de la ciudadanía en la cosa pública de tal forma que el pueblo sea soberano y manifieste su voluntad sobre la base de “una persona un voto”, vemos que para que el sueño se haga realidad es necesario un sistema electoral perfecto que ahora mismo no existe ni es fácil de conseguir. Cuando las concentraciones urbanas eran pequeñas los temas podían debatirse en la plaza pública y votarse a mano alzada, pero desgraciadamente esto ya no es posible y hemos de recurrir a la democracia representativa, algo que depende de un sistema electoral que nunca es totalmente justo.

Algunos países recurren al sistema mayoritario donde la voluntad popular se expresa en pequeñas circunscripciones que luego a su vez se juntan para votar. Ocurre en Gran Bretaña y para hacernos una idea diremos que es similar al que utizamos en España para el Senado, donde el PP tiene una holgada mayoría absoluta, la misma que tendría en el Congreso de utilizar este sistema. Mucha gobernabilidad pero poca proporcionalidad para recoger las inquietudes de los ciudadanos. Otros países utilizan el sistema proporcional pero corrigiendo el resultado para lograr la gobernabilidad, que es como se llama a ocultar la incapacidad de los representantes para lograr acuerdos sin tener mayorías. Así en Grecia se conceden 50 escaños al ganador o en España utilizamos la regla de d’Hondt para asignar restos de votos que no hayan logrado representación.

Ciñendonos a España, vemos que entre la regla de d’Hondt y las circunscripciones electorales hechas para contentar a los nacionalistas, se llegan a resultados que se apartan bastante de la voluntad popular. Así hemos visto como en Cataluña unas elecciones que fueron convocadas como plebiscitarias, daban una mayoría parlamentaria a los independentistas cuando la mayoría de votantes lo había  hecho en contra, pese a lo cual el Govern no gobierna para todos sino solo para sus seguidores. Y así sobran ejemplos para comprobar la dificultad de lograr que se ejerza de verdad la soberanía popular, baste saber que para obtener un escaño con nuestro sistema el PNV necesitó 57.243 votos, cerca de los 57.709 del PP o los 60.229 de CDC, pero muy lejos de los 97.617 que respaldan cada escaño de Ciudadanos, el más perjudicado.

Va quedando claro que la democracia no consiste en que los que mandan, poderes ejecutivos o poderes fácticos,  nos dejen votar, sino en mandar nosotros, el pueblo soberano como consagra la Constitución. La mayor evidencia de que esto no sucede la tenemos en los referendum como acabamos de ver en Madrid donde las consultas populares se consideran válidas sin importar la abstención que por alguna extraña razón nos empeñamos en sumar al ganador. El abstencionista es básicamente alguien moderado que no está para aventuras y que muchas veces es la opción que gana las elecciones. Esto nos debería llevar a la conclusión de que si en una consulta popular una opción gana sin lograr la mayoría del censo, debería convocarse una segunda vuelta donde el abstencionista ya sabe a que atenerse si no se moviliza. Nadie duda de que con la segunda vuelta no habría Brexit de Gran Bretaña, y aplicada a las elecciones generales, al estilo de Francia, Trump tampoco sería Presidente.

Si bien no existe un sistema perfecto para delegar nuestra soberanía en unos funcionarios que ejerzan los cargos políticos, al menos sí podemos exigir que se reforme la Ley Electoral para una mayor representatividad, un mejor tratamiento de restos y abstenciones, y una circunscripción electoral que guarde relación con lo que se está eligiendo, y para los referendum parece lógico exigir un mínimo de participación, y si se trata de cambios no sociales sino técnicos, que se exija una mayoría del censo o una segunda vuelta si se gana sin conseguirla, al igual que para cambios constitucionales se exige mayoría cualificada de 2/3 o 3/5 en cualquier pais del mundo. Todo esto si de verdad  se quiere que la soberanía la tenga el ciudadanos, porque si solo se quiere que lo parezca  vale como está.