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La inspiración de este artículo me sobrevino por una frase de Ignacio Aguado,
Portavoz de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid: ”Es una irresponsabilidad
concebir la política como un capítulo de Juego de Tronos”; la política no es una
lucha para conquistar el poder y que los vencedores utilicen en su provecho,
los gobernantes deben gestionar los activos del Estado a un fin vinculado al
interés de la ciudadanía.

En este sentido, un partido político tiene la obligación de cumplir con el sistema
establecido y representar a los ciudadanos. Un partido anclado en el pasado
con políticas anticuadas no comprenderá nunca los cambios sociales, ni los
distintos intereses o demandas que la gente quiere; en España, el 15 de junio
de 1977 se celebraron las primeras elecciones libres, y la Constitución
Española data del año 1978, en la que la unidad de la nación española toma
protagonismo; hoy en pleno siglo XXI, se han conseguido en democracia la Ley
del Aborto, la Ley del Divorcio, la Ley del Matrimonio Homosexual, la Ley
Integral contra la Violencia de Género, la Ley de Extranjería; y todas y cada
una de ellas regulan, de acuerdo con la justicia, las relaciones sociales. Un
partido que se denomina demócrata no puede pretender con un discurso
populista, destruir lo que se ha conseguido en democracia.
La democracia también favorece las coaliciones entre partidos políticos y se
termina convirtiendo en la aparición del bipartidismo; lo que genera crispación,
ya que elecciones tras elecciones, entre los dos partidos se reparten los nichos
del poder excluyendo a las minorías, y esto es claramente anti-democrático. Y,
¿qué favorece el bipartidismo en España?, en mi opinión, la actual Ley
Electoral aprobada en 1985 y modificada en 2011, ya que sólo favorece a los
partidos grandes buscando un sistema mayoritario y no proporcional: el voto de
cada ciudadano no vale lo mismo en las 52 circunscripciones que representa el
Congreso de los Diputados.

Desde 1982, a partir del triunfo del PSOE de Felipe González se alternaron el
poder con el Partido Popular hasta el año 2011, en el que irrumpieron partidos
políticos como Ciudadanos y Podemos; el ascenso de ambos, debilitó el
llamado bipartidismo PPSOE.

La política actual se debe identificar con la democracia y debe beneficiar a
todos los ciudadanos sin exclusión; y el deber de los políticos es entender al
ciudadano, conocer lo que la gente quiere e integrarlo en un proceso
verdaderamente democrático; para evitar la creación de grupos de presión
asociados a movimientos populistas, de ahí algunos slogans que sólo sirven
para agitar a las masas, como “Asaltar el cielo” (Podemos) o “Reconquistar el
cielo” (Vox).

Pero, ¿qué significa ser populista?, para la Real Academia Española:
“Tendencia política que pretende atraer a las clases populares”; la edición 2013
del diccionario francés Petit Robert avanza un poco más y explica: ”Discurso
político dirigido a las clases populares, fundado sobre la crítica del sistema y de
sus representantes”. Cabe recordar, que el populismo nació en la Rusia zarista,
hacia 1870 de inspiración socialista, cuyo fin era liberar a los campesinos de
sus señores; en la misma época aparece en Estados Unidos un movimiento de
protesta de la población rural contra los bancos y las compañías ferroviarias, es
decir, la estrategia de un partido populista se basa en propuestas que resultan
atractivas para el pueblo, pero tienen un componente manipulador y
demagógico. De este modo, también me atrevo a afirmar que, tanto el
populismo de derechas (Vox) como el de izquierdas (Podemos), es aquel
discurso racista (ya sea por raza, religión o ideología), que vive del odio y el
temor que engendra no sólo en lo político sino también en lo económico.
Cualquier populismo deriva en autoritarismo.

Tanto ser político como hacer política útil, debe implicar tener sentido común; la
política debe servir a los ciudadanos y no servirse de ellos. La política útil es la
mejor arma para vencer al populismo porque ofrece estabilidad y reformas.
Comencé el artículo haciendo referencia a Ignacio Aguado y lo cerraré
aplaudiendo las políticas de Ciudadanos: pactar para sacar a los corruptos de
la vida pública, trabajar por la transparencia en las instituciones, integrar a una
España más fuerte en Europa reconstruyendo la clase media y trabajadora.
El “No es NO” del PSOE actual pasó a la historia. “Hacer política es llegar a
acuerdos, es el poder pactar a derecha y a izquierda sin complejos, por el bien
común de todos los españoles” (Albert Rivera. Presidente de Ciudadanos).

Ana M. Loscos
Afiliada de Ciudadanos

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