[Total:0    Promedio:0/5]

Originally posted 2017-02-01 18:31:47.

Puedes leer la 2ª Parte Aquí:  http://elforociudadano.com/que-es-ser-liberal-progresista-1a-parte/

by: @adrianguisado

Si hablamos del recorrido de los distintos partidos de corte Liberal Progresista, quizá debemos comenzar por el Reino Unido. Como ya dijimos, este pensamiento político tiene gran influencia en el mundo anglosajón. La tradición más antigua del Liberalismo la encontramos en los Whig, asociación política que comenzó en 1678 y finalizó en 1868 (ya usaba el color naranja como distintivo) y de la que es herencia el actual Partido Liberal Demócrata (Lib Dens), el cual es una unión entre los Liberales y del Partido Social Demócrata, una escisión del Partido Laborista en 1980, si bien el adjetivo Liberal, que asumió su connotación política durante las últimas décadas del siglo XVIII, al ser utilizado cuando Adam Smith escribió sobre el “Plan liberal de igualdad, libertad y justicia”, fue utilizado por primera vez en 1812 para designar al partido español de los Liberales.

Los principios básicos en el que se basaron los Whigs para confeccionar el Liberalismo evolutivo tenían una larga prehistoria que comenzaba en los griegos, el primer pueblo que formuló claramente el ideal de la libertad individual. Los ideales griegos de libertad se transmitieron a los modernos, especialmente a través de escritos romanos. Marco Tulio Cicerón fue el más importante, pero también debe incluirse al historiador Tito Livio y al emperador Marco Aurelio ya que Roma dio al continente europeo un derecho privado altamente individualista.

Fue en el transcurso de los debates durante la Guerra Civil y del periodo de la Commonwealth que las ideas sobre el imperio o la supremacía de la Ley se articularon definitivamente para convertirse, después de la Gloriosa Revolución de 1688. Los Whigs aportó el modelo de instituciones políticas que siguió principalmente el liberalismo europeo del siglo XIX.

La doctrina Whig de un Estado limitado por normas generales de Derecho y de restricciones estrictas sobre los poderes del ejecutivo se convirtió en una doctrina británica característica. Los comienzos del movimiento liberal en Gran Bretaña fueron pronto interrumpidos por la Revolución Francesa y una desconfianza hacia sus admiradores en Inglaterra ya que no era el mismo liberalismo el inglés, que respetaba otros pensamientos políticos y no discutía la figura del monarca, siempre y cuando la soberanía residiese en el pueblo, que la francesa, que decapitaba al Rey sin juicio de por medio.

El fin del desarollo de este liberalismo inglés original se establece con la obra de Edmund Burke quien, después de replantear la doctrina Whig en defensa de los colonos americanos, se volcó contra las ideas de la Revolución Francesa. La idea de los antiguos Whig y de Adam Smith se reinició solamente después de las guerras napoleónicas. De hecho, en este escrito observaremos que las guerras llegan siempre cuando el Liberalismo, en todas sus formas, es desplazado del pensamiento mayoritario para dejar paso a los extremismos.

Ahí residía también la máxima diferencia en la forma de entender el Liberismo como se entendía en el norte de Europa, así como también en el centro y sur, donde las ideas radicales de los filósofos del iluminismo francés, como Turgot o Abate Sieyes, dominaron la opinión en Francia y países de su influencia, donde se manifestaba en una fuerte actitud anticlerical, antirreligiosa y antitradicionalista, cuestión que ocurrió en todos los países católicos cuando la Iglesia asumió la lucha contra el “modernismo” y, por tanto, las ideas liberales.

Todo eso acabó derivando a que en estos países, a mediados del siglo XIX, acabaran calando las ideas socialistas, salvo en Alemania donde, a pesar de estar influidos por la corriente francesa, estas ideas sufrieron una transformación con las contribuciones de los más importantes liberales alemanes, como el filósofo Emmanuel Kant, que aportó una teoría sobre bases centrada en el concepto del derecho como protección a la libertad individual.

Volviendo al Reino Unido, caminando hacia esa mitad de siglo, se consiguieron los hitos que hicieron que una nación estuviera más cerca a la realización de los principios liberales. En 1829, Inglaterra se emancipaba de la Iglesia Católica y, tras la aprobación del Acta de Reforma de 1832, los  Whig, cuya intención era reducir el poder de la monarquía y conseguir un gobierno representativo de los diferentes pensamientos, resultaron vencedores de las primeras elecciones generales al Reino Unido, siendo el Conde de Grey primer ministro quien gobernó hasta 1841. Después fue alternando gobierno con los conservadores. Precisamente estos decidieron derogar las Leyes sobre los cereales, después de una gran lucha de los Liberales y reivindicada por los campesinos, que por medio de asociaciones locales, formadas en casi todas las ciudades de Inglaterra y en algunas de Escocia, extendieron su idea de establecer un libre comercio y reducir los costos de los productos básicos. Tras conseguir eso, en relación a política interna, las aspiraciones de los liberales se encontraban ya satisfechas. Entre los que apoyaban el movimiento de libre comercio, había también una fuerte actitud antiimperialista, antiinvercionista y antimilitarista.

En 1860, el gobierno liberal de Lord Palmerston firmaba con el gobierno francés el Tratado Cobden, en el que se permitía el comercio libre entre las dos naciones. En la esfera intelectual, se discutían los principios básicos del liberalismo, la idea de que la presencia del Gobierno debía ser mínima comenzaba a cuestionarse y se pedía que quizá debiese intervenir más en los asuntos sociales. John Stuart, en su obra “Sobre la Libertad”, comenzó a crear una tendencia que acabaría con el paso de muchos liberales a tener un pensamiento socialdemócrata. Esa tendencia se reforzó con el filosofo T. H. Green y el partido Liberal comenzó a perder apoyos y, en las dos últimas décadas del siglo, acabó el bipartidismo. Desde 1880, los liberales dejaron de ser la primera fuerza política y no fue hasta 1906 que no volvieron a ganar las elecciones gracias al hastío de 26 años de conservadurismo. En 1910, volvió a ganar en minoría, después la guerra y  la época del multipartidismo y los extremos. El Partido Liberal se partió en dos, el Liberal y el Nacional Liberal (de derechas), favoreciendo la irrupción del Partido Laborista que se situó como segunda fuerza. Pronto, el Reino Unido quedó abierto en tres bloques, el Conservador, el Laborista y el Liberal, quedando este último relegado a la tercera fuerza, muy lejos de las otras dos. Probablemente, el desempleo y la gran depresión pareciera marcar el fin de una economía mundial libre.

Tras la segunda Guerra Mundial, los liberales apenas tenían participación y el eje derecha-izquierda se disputaba las elecciones. Las ideas progresistas parecían ahora ser mejor representadas por el partido Laborista. Ya en 1974, las ideas liberales tuvieron un pequeño resurgir consiguiendo más de seis millones de votos (19,3%) y en 1983, ya con la unión de Liberales y Progresistas, subió hasta el 25%, quedando muy cerca de los Laboristas. En el año 2010, con Nick Clegg como líder, los Laboristas eran, por primera vez desde antes de la I Guerra Mundial, una posibilidad real de cambio. Las encuestas apuntaban que los indecisos decidirían. Los Liberales volvieron a ser tercera fuerza, pero eran decisivos para formar gobierno. Se unieron a la fuerza más votada y Clegg fue viceprimer ministro del gobierno conservador de David Cameron, apoyo que le salió caro al partido ya que en 2015 dio un batacazo histórico perdiendo más de cuatro millones de votos y siendo superado en escaños incluso por el Partido Nacionalista Escocés.


Como describimos en la anterior entrada, la II Guerra Mundial fue la exaltación de distintas ideologías, llevadas al radicalismo, que luchaban contra el Liberalismo. Por más que éste venció la guerra, gracias en gran parte a los Estados Unidos, se perdió en Europa la hegemonía entre las ideologías más aceptadas.

Sin embargo, el elemento que más parecía atisbar un retorno a principios económicos liberales fue la extraordinaria recuperación económica de Alemania, la gran derrotada de la guerra. De este modo, gracias a la iniciativa de Ludwing Erhard, que adoptó lo que se llamó “economía social de mercado”, el país pudo dirigirse hacia un periodo de prosperidad nunca visto, lo cual hizo parecer que probablemente un régimen económico esencialmente liberal pudiera establecerse en Europa.

Pero no fue así y hoy en día el liberal, en el sentido clásico de la palabra, se ha reducido a un pequeño número de economistas. Políticamente, sí que hubo un auge del Liberal Progresismo como una denominación de aspiraciones esencialmente socialistas, lo que hace que difícilmente en países, sobre todo del sur de Europa, el Liberal Progresismo pueda acceder a un votante que cree que esos valores representan a la socialdemocracia, la cual se apropió del pensamiento, de la intervención del Gobierno, para corregir las causas injustas que un mercado libre ofrece.

Pero si nos fijamos en Alemania y lo que llamamos “El milagro alemán” de la postguerra, más allá de que no gobernase un partido liberal, sí fue el pensamiento liberal gran partícipe de la reconstrucción del país. Los alemanes asumieron la responsabilidad de su propio destino y, en tanto que la protección legal era para ayudar a todos en la consecución de sus fines, no se esperaba que el Estado garantizara a los individuos los resultados de sus esfuerzos. Se aceptó una organización en la cual los individuos eran formados para servir un objetivo común.

En la actualidad, hay un error muy común que es creer que lo que el Liberal Progresismo busca es, económicamente, la forma de hacer dinero de los conservadores o de los liberales clásicos, para después repartirlo en temas sociales, como lo harían los socialdemócratas o los socialistas, no llegando ni a lo uno ni a lo otro.

Pero para los Liberales progresistas, su ideología no puede ni debe basarse únicamente en la economía, de ahí la frase que Ciudadanos repite una y otra vez indicando que lo que buscan es “un nuevo modelo para España” y es que, verdaderamente, esa es la cuestión, porque no hay porqué elegir entre susto o muerte, no hay que votar la que consideramos menos mala de las opciones, no hay que resignarse porque haya nuevas formas de hacer política pues, de hecho, muchos españoles la piden, sobre todo los más jóvenes, como se observó en las manifestaciones del 15 M.

Muchos tratan de asociar el fenómeno a Podemos pero, si lo analizamos, el partido de Iglesias no ofrece lo que las personas pedían en la manifestación que era, ante todo, democracia real, es decir, libertad real. Obviamente, sólo los liberales pretenden ese mundo libre en el que se acepten los pensamientos de los demás. Como han podido leer, no hay liberalismo progresista sin la idea de que hay que defender lo que piensan los demás, aunque tengan ideologías diferentes a las nuestras. El famoso “Los que no piensan como nosotros no son nuestros enemigos, sino nuestros compatriotas” de Albert Rivera.

Podemos no quiere eso, quiere asaltar los pensamientos de los demás, ridiculizar a los que no piensan como ellos, porque ellos dicen tener la verdad absoluta, volviendo al enfrentamiento y a los pensamientos sectarios. O nosotros o ellos, cuestión que, como todos sabemos, nos ha llevado a las más feroces guerras en la historia. Como hemos dicho, las desigualdades, los estados de preguerra hacen que las posiciones se radicalicen y hasta los que creen pedir libertad lo hacen como clan. Los obreros, los de abajo o envueltos en la bandera de una nación, pero ninguna reivindicación de clan o de nación es una verdadera declaración de libertad, las declaraciones de libertad sólo pueden ser para el ser humano. Reivindicar una clase por encima de otra, una ideología por encima de otra o una nación por encima de otra no puede ser jamás una reivindicación de libertad, siempre y cuando hablemos dentro de un marco democrático actual porque, obviamente, los liberales sí lucharon por las libertades colectivas en la historia, como la de las sufragistas en el Reino Unido o para acabar con la esclavitud en América.

A día de hoy, los rastros del mundo pasado, racista y machista, no hay que seguir protegiéndolos para que, de este modo, no haya desigualdades entre las personas, de la misma manera que hay que conseguir que los tres poderes se separen de verdad, que no haya intervención política en los jueces y que los mismos políticos no puedan aprovecharse del aforamiento. En la España actual, los partidos de izquierda se hacen eco de estos pensamientos liberales y, como ha ocurrido históricamente, tratan de hacerlos suyos, llegando al punto de que en los últimos años, PSOE y Podemos critican al PP de aprovecharse de jueces politizados y de la figura del aforamiento, haciendo ver que el actual partido del Gobierno es el culpable de esas desigualdades, cuando la realidad es que estos dos hechos de desigualdad provienen de la Transición y fueron los partidos de izquierda, sobre todo el comunista, los que lo pusieron como línea roja para firmar la Constitución.

De modo que la falta de libertad que hay por el aforamiento y porque los jueces no pueden decidir sus representantes fue culpa del comunismo y de la socialdemocracia; porque ellos, por más que quieran hacer ver otras cosas, no pregonan la libertad ni representan a los libres.

En Estados Unidos, sin monarquía de por medio, la historia del Partido Demócrata Liberal fue algo distinta, de ahí que su ideología, pensamiento y lucha electoral hagan que no se pueda comparar con la de Inglaterra o el resto de Europa. En la actualidad, el Partido Demócrata Liberal supone una gran y polifacética divergencia ideológica y alberga diferentes sectores dentro de sus filas que van desde la centro-derecha conservadora, pasando por el centro, el liberalismo progresista, la socialdemocracia o los laboristas y progresistas de izquierda.

En el año 1824, el antiguo Partido Demócrata-Republicano, que gobernaba el país de forma ininterrumpida desde 1801, entró en crisis. Ese año, en muchos estados del país, se elegía por primera vez por sufragio popular directo de los mayores de edad, no permitiéndose el voto a mujeres y afroamericanos. Este hecho ocasionó una división en el Partido, porque se presentaban varios candidatos presidenciales que se proclamaban demócratas-republicanos y reclamaban directamente el voto popular. Uno de ellos era el general Andrew Jackson que perdió la elección presidencial, a pesar de haber sido el candidato más votado, debido a que la Duodécima Enmienda estipulaba que, si ninguno de los candidatos obtenía la mayoría absoluta, el Congreso elegía presidente entre los tres candidatos más votados; el Congreso eligió a John Quincy Adams.

Pero entonces Jackson y sus partidarios comenzaron a fundar por todo el país las filiales de un nuevo partido que aún no tenía un nombre claro o definitivo; un partido cuyo principal objetivo era llevar a la Presidencia al General Jackson y hacerle oposición al Gobierno del “usurpador” Quincy Adams. Este partido contaba con la poderosa “maquinaria” partidista del Estado de Nueva York, que había pertenecido anteriormente al ya difunto Partido Demócrata-Republicano; fue el primer partido “popular” de la historia estadounidense, al movilizar a las masas y valerse de una red de periódicos “populares” y “sensacionalistas”.

“Los hombres de Jackson”, como se conocía a los seguidores del partido, ganaron sorprendentemente las elecciones de 1828 con el 55% de los votos, sobre todo gracias a muchísimos votos populares (la cuarta parte de los Estados no llevó a cabo voto popular) aprovechando el descontento del anterior gobierno al que Jackson y sus seguidores tacharon de “negocio corrupto” al no ser el más votado. Cuatro años más tarde, Jackson volvería a ganar gracias a su política liberal progresista, pero comenzaron a haber divergencias ya que sus políticas de igualdad y su apuesta por crear una gran clase media, que redujera las distancias existentes entre ricos y pobres, solamente eran para los hombres blancos y gran parte del partido exigía la total libertad para los negros.

Pronto se creó un partido Whig a imagen del inglés, pero en éste tambien existían problemas entre los pro y los anti esclavistas. La gran batalla de los Whig americanos contra el gobierno de Jackson fue debida a que éste no sentía mucha afinidad por los bancos y el papel moneda en general, de ahí que vetase la renovación de la carta del Banco y retirase depósitos federales del mismo.

En las siguientes elecciones, Jackson ya no sería el candidato sino que lo fue Martin Van Buren, quien acabaría siendo el primer presidente que ya tenía nacionalidad estadounidense de nacimiento y que no tenía el inglés como lengua, sino el neerlandés. Consiguió evitar la guerra contra Inglaterra por las fronteras de Canadá gracias a la diplomacia e hizo grandes avances en los derechos laborales del hombre blanco tales como, entre otras, reducir la jornada laboral de 12 a 10 horas. A pesar de eso, los Whig conseguirían ganar las siguientes elecciones gracias al candidato William Henry Harrison, el cual apostaba por las libertades fuertemente y apoyaba la independencia de Texas frente a México entre otras cuestiones. Murió solamente 30 días después de ser elegido Presidente, lo cual llevó a que el partido Whig se fracturara.

Los distintos gobiernos de los Whig y los Demócratas consiguieron que la igualdad se hiciera latente entre los ciudadanos de Norteamérica, pero causó un problema mayor pues, debido a los altos impuestos que debían pagar los adinerados del sur, cada vez compraban más esclavos para la recolecta del algodón. Las leyes contra la esclavitud no eran demasiado severas y, tanto entre los Whig como en los Demócratas, había división de opiniones. La tensión llegó a causar grandes diferencias entre miembros de los mismos partidos y ello acabó con la desaparición de los Whig y la división entre un partido Demócrata del norte y otro del sur, lo que favoreció la victoria del partido Republicano que, a pesar de ser de mentalidad conservadora, no se había pronunciado en exceso sobre la esclavitud. La realidad era que, dentro de los republicanos, había también división entre pro y anti esclavistas. Abraham Lincoln fue presidente debido a que los demócratas del sur y del norte no se pusieron de acuerdo sobre las libertades del hombre negro.

Solamente un año después, los estados del sur declararían la creación de un nuevo país, los Estados Confederados de América, lo que acabaría causando una guerra civil, la llamada Guerra de Secesión. Tanto los Conservadores como los Liberales del norte se unieron en esa batalla, pero el sur tenía ventaja económica ya que las ventas de algodón a Europa les suponían muchos beneficios. Fue entonces cuando el norte decidió hacer de la guerra una batalla contra la esclavitud y, así, de ese modo, no solamente los negros batallarían de su lado, sino que también creían que encontrarían apoyos del extranjero. Con la victoria del norte (La Unión) en 1865, los hombres y mujeres de raza negra eran libres, aunque aún faltarían muchos años para equipararse en derechos a los blancos. Solamente seis días después de darse por finalizada la guerra, el Presidente Lincoln era asesinado.

Sin el problema de la esclavitud y teniendo que reconstruir un país, los americanos apostaron por el Conservadurismo frente al Liberalismo durante décadas, hasta que, finalmente, en 1884, los americanos, cansados de que las libertades no hubiesen crecido desde el fin de la guerra, de que el gobierno no mirase por los trabajadores y de que se estuviera perdiendo la clase media, hicieron presidente al Liberal del partido Demócrata Grover Cleveland, que Luchó en vano por disminuir tarifas aduaneras a través de leyes que fueron frenadas por el Congreso.

En el siglo XX, el primer Presidente Liberal del Partido Demócrata americano fue Woodrow Wilson quien tuvo la difícil tarea de gobernar el país durante la I Guerra Mundial. Creó el Banco Central estadounidense y leyes laborales a favor de mujeres y niños, así como también entes gubernamentales anti-monopolio.

En el clásico intercambio de gobiernos, los conservadores volvieron al poder, siendo uno de los periodos más difíciles dado que, precisamente en ese momento, la gran depresión sucumbió el país y el pueblo americano volvió a votar a los liberales del Partido Demócrata. Franklin D. Roosevelt inició un programa de reformas radicales, conocido como el New Deal,  para enfrentar la caótica situación social del país. Era un decidido partidario de la economía de libre mercado y combatió el desempleo con programas de obras públicas y haciendo que el Estado empleara directamente a los desocupados en planes de emergencia .

Con los liberales en el poder, se comenzó a crear el Estado de Bienestar y se estableció el derecho de todos los trabajadores a tener pensión de jubilación  financiada por las aportaciones de trabajadores, patronos y Estado. De esta manera, se fundó la Seguridad Social de los Estados Unidos. Así mismo, fue el responsable de la creación del salario mínimo; impulsó importantes reformas sociales, especialmente en favor de las clases trabajadoras, y comenzó la construcción de un nuevo Partido Demócrata, de corte Liberal Progresista, que perdura hasta nuestros días. Se le acusó de socialista, no solamente por su lucha por los trabajadores, sino también porque creó fuertes vínculos con los sindicatos del país.

Roosvelt tuvo que lidiar con la Segunda Guerra Mundial a la que, en principio, no quiso intervenir. Estableció relaciones diplomáticas con la URSS como respuesta a la amenaza nazi y, finalmente, tras el ataque de Pearl Harbor, los Estados Unidos entraron en la guerra. Partidario de la vía diplomática y de mantener contactos personales con los políticos aliados, se entrevistó en varias ocasiones con Winston Churchill y Stalin y promovió la creación de la ONU. Murió en 1945, antes de que acabara la guerra y le sustituyó Harry Truman, quien continuó muchas de las medidas económicas de Roosevelt.

Truman apoyó fuertemente los derechos civiles de las personas de raza negra y eso quizá le restó popularidad en la América de la segregación racial. La victoria de los republicanos paró de golpe la igualdad entre personas de diferente raza. Por si eso fuera poco, los conservadores comenzaron la Guerra de Vietnam. En 1960 el quizá hasta entonces más progresista del partido demócrata, John Figerald Kennedy, ganaba las elecciones defendiendo fuertemente la igualdad entre blancos y negros Promovió que el Congreso aprobase reformas legales para acabar con la discriminación contra los negros y retirar las tropas de Vietnam. Como todos sabemos, el avance que el Presidente Kennedy quería para las libertades individuales acabó de golpe el día que fue asesinado. Aún así, su substituto, Lyndon B. Johnson, promulgó programas sociales que fueron aprobados por éste, como podrían ser la ayuda federal para la educación, las artes y las humanidades, el seguro de salud para los ancianos y para los pobres o las viviendas de bajo coste y renovación urbana.

Aún y con todas estas mejoras, en la época reciente, se han alternado los gobiernos conservadores de los republicanos y los liberales progresistas de los demócratas. Realmente, no hay mucho que explicar sobre estos presidentes ya que, solamente con sus nombres, sabemos cómo fueron sus gobiernos. El republicano conservador Richard Nixon tuvo que dimitir de la presidencia por el escándalo de Watergate, en el cual se acusó al Gobierno de espionaje hacía el partido demócrata, y Gerald Ford tuvo que sustituirlo. Lógicamente, perdieron las siguientes elecciones y el liberal progresista Jimmy Carter ocupó la Casa Blanca.

En los años 80, el conservador republicano Ronald Reagan basó su política exterior en la Guerra Fría contra la Unión Soviética y apoyó a los dictadores de Guatemala y El Salvador. Igualmente, emprendió una campaña contra el gobierno sandinista de Nicaragua, financiando a la contra nicaragüense a espaldas del Congreso. Además, apoyó decisivamente a Saddam Husein, cerró varios acuerdos de venta de armamento entre los que se habrían encontrado parte del arsenal químico que en un tiempo poseyó Irak y fue usado como argumento para que su sustituto en el cargo, George HW. Bush, invadiera Irak en los noventa.

En 1993 y tras doce años de conservadurismo y guerras, Bill Clinton ganaba las elecciones para el partido demócrata. Trabajó para mejorar el sistema educativo y de salud, buscó la protección del medio ambiente con su apoyo al protocolo de Kioto y trabajó para la paz de oriente medio siendo mediador de varias reuniones entre los líderes israelí y palestino. Tras sus ocho años de gobierno, le sustituyó George W. Bush con el que se acabaron los años de paz ya que, tras los atentados del 11 de septiembre, comenzaron las guerras libradas en Afganistán e Irak y los debates nacionales entorno a la inmigración, la sanidad, la seguridad social, su política económica y el trato dado a los detenidos por terrorismo marcaron su mandato. Acabó causando gran rechazo incluso a los que le habían votado y en 2007 el país entró en la mayor recesión desde los años posteriores a la Guerra Mundial.

En 2009 los americanos volvieron a apostar por el Liberal Progresismo en una elección histórica en la que Barack H. Obama fue el primer presidente de raza negra de la historia de los Estados Unidos. Obama, a pesar de la crisis financiera, consiguió remontar el mal estado del país que había heredado de Bush. Además, luchó contra las armas nucleares y el maltrato de los presos, llegando a ser condecorado con el Premio Nobel de la Paz. En sus últimos años de mandato, retiró el histórico veto a Cuba y estableció relaciones con el gobierno de dicho país.

En la actualidad, el Liberalismo progresista de los Estados Unidos tiene un rival peligroso, Donald Trump, famoso por declaraciones sexistas y xenófobas, y personaje que ha basado su candidatura en el populismo y en su lucha contra los emigrantes.