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Nos dice Marguerite Youcenar en su espléndido libro “Las memorias de Adriano”, que el Emperador no lograba comprender porqué si él aceptaba todos los dioses romanos o de cualquier otro pueblo del imperio y también el cristianismo, porque los cristianos se empeñaban en que abandonara a todos los demás y adorase solo a uno. Es Robert Graves quien, pese a ser judío, nos explica en su libro “Rey Jesús” como el monoteísmo que surge de la religión judía y toma la vertiente cristiana viene a terminar definitivamente del poder de la diosa y por ende de todos los otros dioses que llamamos paganos. Los que adoraban ídolos, o más bien falsos ídolos porque este concepto dividió a la iglesia de Occidente donde los santos merecen adoración, de la de Oriente donde eran considerados ídolos, fueron exterminados directamente por Dios (recuérdese el Becerro de Oro) o por sus representantes en la Tierra.

Actualmente esa polémica se ha trasladado a la política, así vemos como Pablo Iglesias que llevó a Podemos al Olimpo al grito de “soy comunista”, ensalzando el chavismo venezolano, o siendo antisistema y populista al mejor estilo del griego Tsipras, lider de Syriza, terminó defenestrando a todos los dioses que le acompañaban para quedarse solo con su vestal en el palacio de Galapagar. Los ángeles caídos, los rebeldes, fundaron sus propios partidos como Errejón, se alejaron de la política como Monedero o la abandonaron como Bescansa. Pablo Iglesias sigue consultando su Senado pero al igual que en la época de los emperadores más tiranos, los que estén en contra corren grave peligro.

No es muy diferente la actitud del Caesar Pedro Sánchez que después de retirarse a las montañas herido de muerte regresó para tomar el poder de manera absoluta y gobernar en contra de los senadores que ahora se llaman barones socialistas. Dijo “que se escriban mis azañas” y así se hizo pero no le apoya Felipe González, ni Alfonso Guerra, ni Page, ni Lamban, ni Fernandez, ni Ybarra, ni Leguina, ni Susana Diaz, etc., etc. La limpieza llegó con las listas donde solo manda él y sus enemigos desaparecen o se refugian en listas locales donde no llega sus mano pero llega su sombra como sucedió en Andalucía.

Sánchez e Iglesias son dos emperadores que se han entendido bien en cuanto su fin es el poder y si es necesario se comparte, al fin y al cabo también Roma tuvo épocas de dos emperadores y así pueden coronarse de laurel uno a otro. Pero como la historia se repite surgen reyezuelos que dominan en pequeños territorios y se coronan sin que nadie lo haga. El más claro ejemplo es Puigdemont que desde tierras lejanas se ha erigido en cabeza de una lista donde solo figuran fieles servidores de su línea dura mientras los que considera blandos por dialogantes o realistas han sido eliminados.

Algo más reformista se ha permitido el lujo de ser Pablo Casado porque aquí los pesos pesados de su partido, los que tenían más poder e influencia como Mariano Rajoy, Soraya Sainz de Santamaría o Dolores de Cospedal, se han ido antes de que los humillen y los que han permanecido en sus escaños serán facturados a Europa, a lo que en las empresas alemanas se suele llamar “el cementerio de los elefantes”, un sitio con muy poco poder pero muy bien remunerado.

Solo nos queda un partido que no ha cambiado su organigrama, que tiene los mismos dirigentes ratificados en primarias sin mucha oposición. Es ciudadanos y donde los nuevos fichajes, aún con todo el apoyo de la línea oficial, tienen que someterse a las elecciones de primarias donde pueden perder como le ha sucedido a Silvia Clemente en Castilla Leon que salió derrotada después de la intervención del Comité de Garantías, que viene a ser algo así como lo que es el VAR al futbol y que funciona con rapidez al margen de los deseos de poder.

Dejando al margen la singularidad de Ciudadanos y teniendo en cuenta que Vox está sin estrenar porque no tiene diputados ni ha nombrado candidatos y aunque si ha prometido fidelidad a la Constitución, desconocemos como será su funcionamiento interno, podemos afirmar que la democracia se mueve hacia posiciones de emperadores con parlamentos amigos. Queda el ciudadano para salvar la soberanía popular, el voto, pero con la dificultad de que estamos sometidos al adoctrinamiento de cadenas afines al PSOE, al PP, a Podemos o al independentismo, y a equipos profesionales especializados en difundir mentiras sobre la oposición, o falsas promesas que saben no se podrán cumplir sin un consenso que no existe.

Frente a estas incertidumbres le queda al votante centrarse en los hechos. Mirar a Andalucía y comprobar si Ciudadanos es capaz de cumplir los 20 puntos que prometió ejecutar en los primeros 100 días en sus áreas de responsabilidad porque si Ciudadanos, recién llegado al poder, nos falla ya solo nos quedaría tirar los dados.