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Originally posted 2016-12-18 12:16:16.

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by Pablo Llaneza

Aún recuerdo aquel día. Como siempre, puse la televisión mientras comía, quién sabe si pescado o carne, cuando vi aquella plaza cargada de gente.

No le presté mucha atención, tocaba a exámenes y me olvidé de aquella concentración para concentrarme yo mismo. Al día siguiente me acordé de nuevo de aquel movimiento mientras estaba escribiendo, vete tú a saber que presuntuoso poema cargado de ripios varios. El movimiento se empezaba a extender por más plazas, poco a poco aquello sonaba a mayo del 68 y a claveles rojos. 

Mis tiempos se destinaban a la protopoesía y los estudios, y en un momento de descanso, decidí hacerme una cuenta en Twitter. De aquella no se sabía qué eran las cuentas troll, o al menos, no cómo ahora. Así que, tras la lectura de “La voz dormida” (ojalá dejásemos el guerracivilismo sólo para los libros), decidí hacerme un perfil en Tuenti, que de aquella Facebook no lo usaba ni su creador. El perfil fue llamado como una de las rosas de las trece rosas: Julia Conesa. 

En él compartía poemas y fotos sobre la necesidad de lucha y de salir a la calle. Escribí una especie de cuento que pronto corrió en las páginas, e iba ampliando círculo. Llegué a ampliarlo casi hasta alcanzar al mismo Pablo Iglesias, de hecho, tenía en mi círculo a uno de los chicos que salen con él entonando la Internacional. Se podría decir que estaba haciendo activismo sin saber siquiera que estaba haciendo activismo.

Y llegó el momento, salí a la calle, una larga “excursión” de una hora de tren con gente del 15-m de mi pueblo. Y allí hice mi primera manifestación, sin saber muy bien para qué me manifestaba. Yo estaba ahí por literatura, por justicia poética; otros estaban ahí con la camiseta del Ché y otros con su aire señorial. Aunque creo que la clase predominante, vistiese camisa o camiseta, rastas o gomina, era la clase media; lo que algunos llaman “pequeño burgués”. Así que caminamos todos juntos repitiendo lemas y pretextos en un ambiente festivo. Me encantó aquella, mi primera manifestación. 

Llegamos a la plaza mayor y allí nos sentamos y en un discurso, del que ahora discrepo, con más intervencionismo y con más Estado generador de nuestros problemas, escuchamos cómo alguien parecía tener cosas que decirnos. Estábamos indignados, veíamos represión policial y veíamos cómo nos habían robado los viejos partidos.

Después de aquella manifestación llegó el verano y yo me disipé. Pero la lucha volvió cuando en Asturias y en mi tierra los mineros salieron a la calle. Las barricadas, los voladores contra los policías, aquello era revolución. Y yo era un joven desdeñado con ansias de poeta maldito y costuras de lobo estepario. Aquel activismo se hizo por redes y aquel movimiento lo jodió la izquierda radical y la policía cuando estaba, si no estoy equivocado, Cifuentes de responsable política en asuntos de policía. Recuerdo también como algunos decían que putos mineros porque tenían que cortar las carreteras, les estaban jodiendo los exámenes.

Y la marcha minera se acabó y se perdió en el sol como lágrimas de lluvia. El bipartidismo continuó, ahora con el PP, y todo quedó en nada. Yo seguí dos años más buscando el poema perfecto, con una técnica algo más depurada pero propia de un poetastro. Pero, salvo otra manifestación, me desinfecté de la política. Me desenamoré sin saberme enamorado. 

Hace dos años sonó Podemos, y representaba a aquel movimiento de indignación, pero ya no era la época de indignarse, ahora se necesitaba la épica de proponer. Al principio me interesé, cuando la chorrada de “es que compra ropa en el Alcampo”. Pero iba viendo más, y recordé una frase que había tenido con una comunista en mis tiempos de protoactivista: “el comunismo como idea de justicia está muy bien, el problema es que luego hay que hacer números”. Y Pablo hablaba mucho de Bárcenas y Rato, pero no hablaba de cómo mejorar las cosas. Así que me previne del populismo.

Una tarde, sin tener ni idea de Ciudadanos, leí a un amigo hablar sobre ellos en Facebook. Una frase corta pero suficientemente precisa para despertar mi interés. Lo primero que pensé fue: “pero si estos son catalanes”, pero ese miedo inicial duró poco, justamente hasta que vi a una chica joven defender la unidad, la igualdad y la fraternidad de los ciudadanos españoles frente a lo más casposo de la casta catalana. Ella era Inés Arrimadas. Y recuerdo que, de aquella, Podemos no nos veía como enemigo; pero llegaron las andaluzas y la hostia que se llevaron y el auge de Ciudadanos hizo que pasaran al odio. Trolls llamando fachas, faltando al respeto, el video de RaGLaN, que fue desmontado esa misma tarde…

Y en Ciudadanos vi lo que me había gustado del 15-m, gente que venía de UPyD, gente que veníamos como yo, gente que venía del PP, del PSOE, de UCD; incluso de Podemos. Gente diferente con un objetivo en común, recuperar nuestro futuro. Luego me afilié y, un poco después, vi que algunos arrastraban los vicios de la vieja política y algunos sólo abandonaban barcos para seguir su autoproyecto político. Pero como decía Fernán Gómez: “los ignorantes no sufren”. Y yo había sido ignorante de cómo funciona un partido hasta entonces. 

Y vi cómo la gente que me llamaba facha se había cagado en los mineros años atrás porque les jodían los exámenes mientras ahora decían con puño en alto y mano en el monedero: Podemos. Aquellos hijos de papá, pequeños burgueses, estudiantes de la privada y que nunca habían participado en una manifestación ni se habían acercado al 15-M; ahora estaban hablando de lucha de clases y de cambiar el “régimen de 78”, mientras, cuando pedíamos en 2011 cambiar el sistema, nos miraban con indiferencia. 

Pero bueno, de aquellos polvos estos lodos y, como decía un poema de Cesar Vallejo: “Dios mío, si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios; pero tú, que estuviste siempre bien, no sientes nada de tu creación. Y el hombre sí te sufre: ¡el Dios es él!”

De todas maneras, espero que esa unidad, esa devoción por mejorar las cosas y no por romperlas, esa conciencia de no resignarse con lo que tenemos, esas ganas de ir hacia adelante y no hacia atrás, ese espíritu de revolución, espero que nunca se nos marchite.