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Originally posted 2017-07-08 19:07:00.

Están reunidos los líderes del llamado G20, los mandamás de los países desarrollados que nos han impuesto un mundo globalizado sin contar con nadie, ni siquiera pedirnos opinión. Su triunfo es total e irreversible quedando los grupos antiglobalización como algo folklórico sin mayor transcendencia que los destrozos que suelen causar cada vez que hay una convocatoria. Frente a los hechos consumados de los países que controlan la economía mundial, hay partidos viejos, más bien vetustos, que pretenden seguir defendiendo sus ideologías de izquierdas o de derechas, unos esquemas obsoletos que ya no solucionan ninguno de los problemas que plantea una sociedad moderna, informátizada y robotizada, que avanza a un ritmo verteginoso acompañada y empujada por unos descubrimientos científicos que ya suceden cada día.

Hablar hoy de la ideología marxista, socialdemocrata, conservadora o de derechas, es otra forma de populismo que sumar a los tradicionales de la izquierda radical o la derecha extrema, los antisistemas de moda que sueñan con acabar con el euro, la Unión Europea, la OTAN o la ONU, una utopía más utópica que aquella de hacer del mundo un paraiso patria de la humanidad, no porque haya dejado de ser una idea bonita sino porque el capital es el que se ha intercionalizado,  el que ha tomado vida propia, y el que marca las normas sin que haya otra alternativa mejor tran el fracaso de la ideologías que se han ido probando a lo largo de la historia.

Ya no estamos en tiempos de ideologías, estamos en el tiempo de hacer cosas útiles, de realidades, de buscar soluciones a problemas nuevos que surgen cada día sin  preguntarnos si la solución coincide con el discurso de rojos o de azules. Si nos fijamos en los partidos del centro, los que beben del pragmatismo, observamos que toman sus decisiones con realismo pensando unicamente en que sean posibles de implantar, que encajen en el presupuesto  y que den soluciones. El que se sitúen a la izquierda o a la derecha es lo menos significativo. Lo estamos viendo en los siete paises que tienen presencia los partidos llamados liberal progresistas o en Francia que se llama social-liberal pero que viene a ser lo mismo, liberales en lo económico y progresistas en lo social.

La clave es olvidarse de las viejas ideologías, divisiones y colores, para centrase en el problema que hay sobre la mesa y darle una solución acorde a las circunstancias que lo acompañan. Cuando vemos las iniciativas de Ciudadanos sobre las leyes de autonomos, las ayudas sociales a los jovenes, los libros de texto gratuitos, el fin de aforamientos en algunas Comunidades, los permisos de paternidad, y tantas otras cosas, no tiene sentido preguntarse si esos logros son medidas de derecha o de izquierda, son simplemente soluciones a problemas que las demandaban, y por eso sería aconsejable que los partidos tradicionales abandonen la defensa de su ideología y se centren en consensuar la ley de educación, la electoral, o las reformas que pide la Constitución, sin radicalismos, solo haciendo lo mejor de lo posible.