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Originally posted 2017-02-01 18:10:51.

by @adrianguisado

Hace ya casi un año, comencé a escribir este blog con la idea, no sólo de aportar mi pequeño grano de arena en la construcción de un proyecto ilusionante y moderno para España, sino también de explicar dicho proyecto de un modo ágil y sencillo. Sin embargo, hoy y en esta serie en la que trataré de explicar qué es ser Liberal Progresista tendré que ser un poco menos directo, más minucioso, tratando de explicar eso que al parecer a nivel de calle es tan difícil de entender y que es no ser ni de derechas ni de izquierdas.

En mi opinión, la mayoría de los españoles no tienen clara cuál es su ideología política, de hecho, tengo la sensación de que millones de españoles creerán que en realidad no tienen ideología, aunque lo cierto es que el pensamiento político es como el respirar, lo haces sin darte cuenta y ay de ti que no lo hagas.

 

En España, cuarenta años de franquismo, cuatro décadas sin corrientes políticas más allá del fino margen que consentía la Dictadura dentro del Movimiento Nacional borraron de la memoria colectiva las diferentes corrientes de pensamiento que había en España antes de la Guerra Civil.

Por eso, ocurre que, actualmente, para muchas personas, sea difícil entender que había partidos de los que denominamos centro y de los que denominamos derecha que apoyaban el sistema de República que había en España. De hecho, y esta es una cuestión que deberíamos tratar en otra ocasión, los partidos republicanos que menos respetaron la constitución de la República fueron los partidos de los que denominamos izquierda.

Con la llegada de la democracia, la sensación era de que nuestro país estaba dividido entre los que apoyaban al dictador y los que estaban en contra, con el pensamiento erróneo de que los que eran contrarios al régimen eran todos comunistas y, obviamente, ese pensamiento irreal era debido a que para el régimen todo el que era contrario a Franco era comunista lo fuese o no en realidad.

Los resultados electorales demostraron que no era así y que, precisamente, los extremos fueron derrotados. Sin embargo, con los años, el bipartidismo hizo que los españoles volviéramos a ver la política en términos derecha-izquierda ya que el Partido Popular recogía el voto desde la extrema derecha al centro y el PSOE desde el centro a la extrema izquierda, volviendo a la idea del nosotros contra ellos.

A mi forma de ver, con esa lucha entre dos bandos, no solamente perdemos riqueza política sino que, además, tener a políticos que en realidad no nos representan ha colaborado en uno de los problemas que más preocupan a nuestros compatriotas, la corrupción.

Para los partidos que se autodenominan de centro, como ocurre con Ciudadanos y con UPyD, es difícil defender su postura y eso se debe principalmente, a que en España y en parte a causa de la Guerra Civil, acusar al contrario de ser de izquierdas o de derechas da votos. Por eso, el Partido Popular siempre ha intentado desplazar a estos partidos a la izquierda, mientras que el PSOE y ahora también Podemos los quieren desplazar a la derecha.

Me sorprende que en 2016, en España, políticamente la mayoría de personas separen los pensamientos en derecha e izquierda, así como también que partidos nuevos estén anclados en esa bipolaridad del pensamiento que es herencia directa del Franquismo.

En realidad, la posición de Ciudadanos y también de UPyD es cercana al Liberalismo Progresista, lo que ocurre es que en este país no hablamos de ideologías, solamente de izquierdas y derechas.

Sin embargo, el génesis de esta ideología comenzó ya en el siglo XIX, si bien es cierto que, a diferencia de otros pensamientos, se ha ido adaptando a los tiempos, y nace con la idea de ser  una tendencia política que propugna que el bienestar social y el desarrollo social son compatibles con la libertad de sus individuos.

El también llamado socioliberalismo nace como corriente progresista  del liberalismo clásico e introduce la justicia social y la democracia liberal en su programa de reformas, basada en corrientes racionalistas ilustradas, sobre todo de Kant y Voltaire, así como también en el liberalismo ilustrado británico, en especial con la teoría política de John Locke.

En mi opinión, la mayoría de las personas en España son cercanas a este pensamiento y el hecho de que en este país sigamos con la bipolaridad izquierda-derecha es la que hace que los partidos que han apostado por esta idea no hayan obtenido grandes resultados.

Desde el minuto 1, lo que denominamos la izquierda y la derecha han acusado a partidos como Ciudadanos de pertenecer al otro bando y, a mi parecer, creo que la sensación es que la izquierda ha conseguido más que la derecha en ese propósito.

La realidad es que resulta difícil sostener que UPyD y Ciudadanos son partidos de derecha, en el sentido clásico del término, como equivalente de un ideario o programa conservador. El pensamiento conservador es aceptado tal y como lo planteó Edmund Burke y se caracteriza por una visión religiosa del hombre. Para el conservador, la preservación de los valores permanentes, transmitidos por las generaciones, es una obligación moral que debe proyectar en el tiempo.

Las posturas social liberales postulan que las libertades individuales son compatibles con la justicia social, a la vez que expandir los derechos civiles a todos los ciudadanos y evitando cualquier discriminación.

Los social liberales pusieron gran énfasis en las libertades individuales y en la interacción de tales libertades con otras funciones esenciales de la vida en comunidad, como es la solidaridad, que pueden servir para acrecentar las oportunidades de los menos privilegiados en la sociedad.  El Estado puede regular y proteger las libertades civiles, pero no puede ocupar la autonomía de cada persona. Por ello, la soberanía reside en el pueblo y es radicalmente demócrata.

El filósofo Chandran Kukathas se refería al Liberalismo con los siguientes términos: “El liberalismo se define en un paradigma político que responde a la diversidad humana mediante la defensa de instituciones que permiten la coexistencias que permitan la diferencia de creencias y modos de vida. Acepta la pluralidad, las multiplicidad de valores religiosos y morales en el mundo moderno y promueve la tolerancia. El liberalismo se diferencia de otras filosofía política en que rechaza la idea de un orden social orgánica y espiritualmente unificado. Dentro del cual los intereses de los individuos se alinean en perfecta armonía con los intereses de la comunidad”.

 

El movimiento Liberal Progresista también defiende la idea de que el Estado no debe moralizar a los ciudadanos, sino que, contrariamente, tiene la obligación de garantizar su autonomía moral, pues la moral pertenece a la esfera privada. Defiende un estado laico en el que, no sólo debe separarse la Iglesia del Estado, sino en el que también las tradiciones o supersticiones religiosas no deben influir a la hora de crear leyes ni en los demás funcionamientos del Estado.

El socioliberalismo tiene en la justicia social el núcleo para fomentar la Libertad y distribuir de manera equitativa la riqueza generada por la economía libre de mercado. En la actualidad, el pensamiento liberal progresista se entiende como una evolución natural a los tiempos actuales, desarrollando sus propias teorías acerca de las soluciones necesarias para resolver los problemas de la sociedad.

En el mundo anglosajón, es conocido como “liberalismo moderno” y, en Estados Unidos, estas posturas las defiende el Partido Demócrata, que basa su programa político en la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos. Sin embargo, en Europa, el liberal progresismo es una de las ideologías que ha configurado la mayor parte de los partidos europeos en todo el espectro político.

Presumiblemente, la mayor parte de los partidos europeos moderados tiene las raíces  en el socioliberalismo, desde la socialdemocracia a la derecha liberal. Sin embargo, en el Parlamento Europeo, los partidos más cercanos a las ideas liberal progresistas están bajo el grupo ALDE (Alianza de Liberales y Demócratas por Europa) que conforma la tercera fuerza en la Eurocámara, tras populares y socialistas.

El grupo ALDE apoyó a Ciudadanos en las Generales españolas por delante de otros partidos que también pertenecen a dicho grupo. El auge del partido naranja en España fue recibido con gran entusiasmo dentro del ALDE ya que, en el sur de Europa, no es tan habitual encontrar esta corriente política como en el norte, donde los liberales progresistas gobiernan en Dinamarca, Finlandia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, entre otros países.

¿Y por qué en España no hay tradición de centro? Como ya he dicho, uno de los principales motivos es el franquismo y los cuarenta años en los que en España no había tendencias políticas más allá del pro y el antifranquismo. También el enfrentamiento que hay entre lo que denominamos las dos Españas y que ya viene de siglos pasados, desde las Guerras Carlistas, sería otro motivo. Pero eso no es todo, pues también ha influido el poder religioso que ha hecho que, aún a día de hoy, la Iglesia influya en las cuestiones políticas.

La fe y la moral cristianas están tan dentro de los españoles (también de los que no practican la fe), que para muchos es aún tabú tocar según qué temas que se asocian a la moral y a la fe religiosas. Y no me refiero solamente a temas como el aborto, sino también a la eutanasia o a la gestación subrogada. Cuestiones que los conservadores asocian a la izquierda pero que, en realidad, defienden más los liberales que los socialistas o comunistas, los cuales están más próximos a las ideas conservadoras en algunos términos de lo que nos pensamos. Sin ir más lejos, los conservadores y los comunistas votaron en contra de la gestación subrogada en Portugal.

Otro de los puntos en los que conservadores y comunistas o derecha e izquierda se diferencian más de los liberales es en el hecho de que, mientras los liberales son conscientes de que no todos piensan igual y de que no hay que imponer un pensamiento propio, para conservadores y comunistas sí se trata de imponer y hacer prevalecer su voluntad sobre los demás. Esa es la cuestión por la cual, en esta última legislatura, mientras que Ciudadanos ha intentado formar gobierno con los que no piensan como ellos, la izquierda y la derecha han puesto vetos para que eso no ocurriera.

El liberalismo progresista acepta la pluralidad y defiende que todos los pensamientos son válidos, siempre y cuando respeten la legalidad y los derechos humanos; siempre tratando de velar por los que defienden sus posturas que son defender la libertad individual. Por decirlo de un modo simple, en caso de duda, el liberal siempre se pondrá de parte de la libertad individual. Por ejemplo, en el caso de defender un aborto, un liberal siempre defenderá la libertad de la madre en este caso, pero siempre dentro de la legalidad. Contrariamente, siguiendo con este caso, un conservador podría pensar que el liberal comparte pensamiento con un comunista, por ejemplo, pero no es así, pues los comunistas defienden que el aborto es un derecho que tiene la mujer, cosa que no es cierto.

Un liberal defiende en la libertad individual de la mujer a la hora de abortar, sin embargo, dentro de la legalidad y la legalidad española dice que el aborto no es un derecho, sino que es un delito que queda despenalizado en cuestiones que la Ley explica. Dentro de esos parámetros, es donde la libertad individual de la mujer debe prevalecer. Un liberal defenderá en esos parámetros la libertad a abortar, por más que él o ella no lo hiciera jamás, es decir, que el no compartir una idea no quiere decir que no se defienda el derecho de las personas que piensan diferente, como dijo Voltaire.

El ejemplo de siempre estar de parte de la libertad individual se podría equiparar a la de la presunción de inocencia, es decir, que por más que la cultura o la moralidad nos lleven a pensar que algo está “bien o mal”, no podemos imponerlo a los ciudadanos que son libres de creer lo que quieran y de actuar de la forma que crean conveniente, siempre y cuando estén dentro de la legalidad. La libertad tiene límites pero, en el caso de que no se pruebe que hay una razón para limitar la libertad de las personas, se presume que sí hay esa libertad. La libertad individual castiga a los que no la permiten ejercer, por ejemplo, a los que a través de la violencia física coartan la libertad de los demás.

También es importante el principio de propiedad, pues lo que legalmente es nuestro no pertenece a los demás, ni al Estado, ni a nadie más que nosotros mismos, así como también el principio de voluntariedad contractual. Los pactos están para ser cumplidos, los contratos que hacemos son los que limitan la libertad a la hora de actuar, pues un contrato es una obligación, siempre y cuando lo hayamos aceptado libremente. En este caso, habría que separar, por poner un ejemplo, quién no paga la hipoteca, porque de algún modo ha sido estafado o engañado, de los que se niegan a pesar de que, por contrato, están obligados a hacerlo. Por eso, no se puede ser categórico a la hora de defender que, con la entrega del piso, la deuda queda pagada sino que hay que defender esa postura solamente en los casos en los que la persona no pueda pagarla realmente y por causas ajenas a la libertad individual, o porque lo haga debido a que un tercero no cumplió el contrato, por ejemplo, alguien a quien despidieron de su trabajo de modo no procedente.

Para tratar de indicar el origen del pensamiento Liberal, que acabaría dando lugar al Liberalismo Progresista, deberíamos, a mi entender, ir atrás hasta el tiempo en el que el Imperio Romano se divide pero, obviamente, trataré de resumir lo más posible para no enredarnos en temas que ocurrieron hace muchos años.

Cuando el Imperio Romano se separó, en la parte oriental quedó el Imperio Bizantino y, por otro lado, Occidente se rompió en pequeños reinos. Europa estaba dividida, pero entre esas tierras había un punto en común que, de algún modo, la mantenía unida, el Cristianismo. La religión cristiana marcó el camino socio-político en Europa. Las sociedades cristianas en gran medida creían que la historia se desarrollaba de acuerdo a un plan divino sobre el cual los seres humanos tenían poco control. La Iglesia dio a los reyes la autoridad para gobernar, mientras que estos últimos propagaron el mensaje de la fe cristiana y otorgaron la licitación de las fuerzas cristianas sociales y militares.

Esa ayuda mutua entre gobernantes y religiosos beneficiaba a ambos. Además, el Cristianismo daba al pueblo la esperanza de que algún día les esperaría un mundo mejor. En el siglo XIV, las disputas sobre la sucesión papal dañaron a la Iglesia. Según los historiadores, eso y la aparición de la Peste Negra, que exterminó a un tercio de la población europea, fue el comienzo de que los ciudadanos se cuestionasen que hubiera un gran plan para todos y que quizá los hombres eran libres para decidir sus destinos.

En ese tiempo, comenzaron los levantamientos de campesinos y el pluralismo de pensamientos, base de un mundo liberal. El surgimiento del Renacimiento en el siglo XV debilitó la sumisión a la Iglesia y aumentó el interés por la ciencia. Fue clave también la reforma protestante que surgió a partir de ideas que vieron a la Iglesia como una orden opresora que apoyaba el feudalismo señorial que había en Europa.

Tristemente, todo aquello acabó en una cruel guerra llamada “De los treinta años”. En Inglaterra, las disputas entre el Parlamento y el Rey Carlos I provocó una guerra civil en la que el Rey acabó ejecutado y el parlamento logró establecer una monarquía que limitara sus poderes y que debía obedecer la Constitución redactada por el Parlamento. Precisamente las discusiones entre los parlamentarios de cómo debía ser esa constitución llevó a que, entre los intelectuales ingleses, hubiese distintas corrientes. De esos debates surgió el liberalismo.

Se identifica a John Locke como padre del liberalismo. Locke era médico y filósofo. Según los historiadores, el liberalismo nace en una discusión que tuvo con Thomas Hobbes. En la discusión que reinaba en todo el Reino Unido, Hobbes apoyó a la monarquía y Locke al Parlamento pues opinaba que el Parlamento encarnaba la voluntad del pueblo. Argumentaba que el gobierno requería del consentimiento de los gobernados. “Lo que comienza y, de hecho, constituye toda sociedad política no es más que el consentimiento de cualquier número de hombres libres capaces de alcanzar una mayoría para unirse e integrarse en una sociedad. Y esto es lo único que hizo o pudo dar inicio a cualquier gobierno legítimo en el mundo”.

Por más que ahora nos suene increíble, hasta ese momento no había una corriente política que discutiese que nadie podía gobernar por derecho, muchas veces sobrenatural, otras natural, sin el consentimiento del pueblo. De modo que podríamos indicar que, en esos comienzos, el liberalismo nació para discutir y limitar la idea de la legitimidad de los Reyes, concedida por la Iglesia por la gracia de Dios.

Otro de los momentos clave del liberalismo fue cuando las colonias en Norteamérica, que habían sido súbditos del Reino Unido durante décadas, se revelaran. Las tensiones entre ambas partes acabó con la Guerra de los Siete Años (1756-1763) que acabó con las arcas públicas británicas vacías, lo cual obligó a que los británicos debieran exprimir sus colonias aún más. Los norteamericanos declararon la independencia con la carta escrita por Thomas Jefferson, en la cual se acogía al sentimiento liberal de Locke. La Guerra de Independencia empezó en 1775 y acabó en 1781 con la victoria de los norteamericanos gracias al apoyo de Francia, que competía con el Reino Unido por ser la primera potencia mundial. La Revolución estadounidense acabó en 1783 con el Tratado de París, en el cual los británicos reconocían la independencia de las colonias en América.

Tras la guerra, lo más importante era saber cómo seguirían adelante en los Estados Unidos. En 1787, se constituyó la Carta Magna de los Estados Unidos. Dicha constitución cambió la historia del mundo ya que era un documento revolucionario y liberal en el contexto de la época. Los estadounidenses establecieron una república, sentando las bases de la democracia liberal que se expandiría por gran parte del mundo en el futuro. La ilustración había influido mucho en dicha constitución y el libro “El espíritu de las leyes” del francés Barón de Montesquieu sentó las bases de la separación de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial.

La revolución estadounidense fue seguida y probablemente inspiradora de la que quizá es la revolución más importante de todas, la francesa, que supuso el inicio del mundo moderno y de la época liberal en la que dejaba de haber amos y siervos y todos eran ciudadanos. Los liberales, después de la Revolución, quisieron desarrollar un mundo libre o al menos libre de demasiada intervención gubernamental. Creían que los gobiernos eran cargas pesadas y querían que se mantuvieran fuera de las vidas de los individuos. Los liberales presionaron a la vez para la expansión de los derechos civiles y de los mercados libres, así como también el libre comercio como parte de la Revolución Industrial.

Los primeros liberales progresistas aparecieron durante el siglo XIX y formularon sus puntos de vista en respuesta al liberalismo clásico. Según este pensamiento, el Estado regula y protege libertades civiles, pero no puede usurpar la autonomía de los individuos. Por ello, la soberanía reside en exclusiva en la ciudadanía y se transmite a través de los mecanismos propios de la democracia.